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HUMEDALES para habitar en las alturas


Un frágil ecosistema complejo que depende del agua, la materia orgánica, la vegetación existente, el clima entre otros factores.

El continente sudamericano es atravesado de Norte a Sur por la denominada Ecoregión Andina, que se forma por la presencia de la Cordillera de Los Andes.  En 7200 km de recorrido por 7 países,  superficie de unas 200 millones de hectáreas cuenta con unos 30 millones de habitantes.  La riqueza biofísica presente es producto de milones de años de evolución de culturas humanas que se adaptaron al entorno local, descubriendo, utilizando y modificando los recursos bióticos existentes. Muchos lugares que hoy parecen naturales, llevan la marca de milenios de habitabilidad humana, expresados en cultivos y recolección de los recursos.  La biodiversidad, fue modelada, además por la domesticación e hibridación de variedades de cultivos y  la crianza de animales.

En esta ecoregión, se ubican los humedales, (vegas y bofedales), que constituyen la base de la vida humana en altura, por lo cual poseen un alto valor ecológico, social y cultural. Son un frágil ecosistema, que para existir, depende de la acumulación de humedad propia de las cuencas altiplánicas, lo cual genera una capa verde, que sirve de alimento al ganado andino, compuesto fundamentalmente de camélidos, domésticos como la  llama y la alpaca, y silvestres, como  el guanaco y la vicuña.  Estos, a su vez, aportan con la materia orgánica los  nutrientes necesarios para conservar la vegetación.  Por su alto valor biológico e hidrológico; son el hábitat para numerosas especies vegetales y animales, (algunas endémicas) y funcionan como reguladores del flujo hídrico al retener agua en la época húmeda y liberarla en la época seca.

En Chile, los bofedales forman parte del Sistema del Altiplano, en el lado Este de la Cordillera de los Andes, desde aproximadamente los 24º de latitud sur, hacia el norte, con altura variable entre los 3500 y 4000 msnm. La subdivisión natural de la cuenca altiplánica, genera cuencas cerradas que vierten sus aguas, originando ríos.  Algunas depresiones drenan sus aguas, tanto en forma superficial como subterránea hacia los distintos salares (Huasco, Coposa, Surire, entre otros).  A modo de ejemplo, el drenaje del sistema lacustre Chungará-Cotacotani, da origen al Bofedal de Parinacota, y posteriormente al Río Lauca.

 

 

 

 

 

La ciudad y sus altas demandas de agua para el consumo urbano, para la agricultura tecnificada, y las demandas de las empresas mineras, han demostrado la condición finita del recurso,  cuya consecuencia mas grave, es el desecamiento de las vegas y bofedales, y producto de ésto, la degradación de todos los suelos productivos. Los habitantes de las ciudades no siempre tienen conciencia de que para que un recurso llegue a sus manos, ha sido necesario movilizar una larga cadena de recursos hasta obtener el producto final.  Los bofedales afectan a situaciones urbanas que ocurren incluso a 400 km de distancia. Y a una escala global, inciden en la disponibilidad de agua para todos los habitantes.

El volcán Parinacota de fondo.

 

El factor que con mayor rapidez afectó a este desecamiento, fue el  Código de Aguas de 1981 que cambió radicalmente el sistema de derechos de aprovechamiento de aguas previamente existente en Chile, fortaleciendo la propiedad privada de ellos.  El impacto de este Código fue extremadamente negativo para los humedales andinos  cuyo hábitat y entorno fueron afectados. Comenzaron a secarse con la consecuente pérdida de recursos naturales -flora y fauna silvestre- y daño a los derechos ancestrales a los recursos naturales de las comunidades indígenas, debido a la obtención y explotación de derechos de agua por parte de otros usos no agrícolas que están poniendo en riesgo la sustentabilidad y la sobrevivencia de esos grupos.

En 1992 el Código de Aguas fue modificado incorporando protección y conservación de los humedales del altiplano de las regiones de Tarapacá y Antofagasta, mediante la prohibición de explotar y explorar los recursos subterráneos ya que estos constituyen una fuente importante de alimentación.
En las últimas cuatro décadas a nivel mundial se ha venido trabajando en la protección de los humedales. En el año 1971 se firmó en la ciudad de Ramsar, Irán, la Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas, conocida como la Convención Ramsar, la cual fue ratificada por Chile en 1984. Dicha Convención se estableció debido a la evidente interdependencia entre el hombre y su medio ambiente, además de las funciones ecológicas fundamentales de los humedales como reguladores de los regímenes hidrológicos y como hábitat de flora y fauna característica. También se consideró que éstos constituyen un recurso de gran valor económico, cultural, científico y recreativo, cuya pérdida sería irreparable.
Fuentes:
– Castro, Milka.  El campesinado altoandino del norte de Chile. en   “El altiplano, ciencia y conciencia de Los Andes” .
– Perfiles transversales: Geografía de Chile. Instituto Geográfico militar, tomo I, Geografía I Región de Tarapacá. (1985)
– Fotografías : © Rosa Chandia Jaure, viaje a terreno noviembre de 2009. Colaboración de Felipe Lazo Mella.
Anexo:
Una muestra  audiovisual de la flora y fauna que se perderá de no asumir la protección de los humedales.